Atlas de Bienestar Territorial posiciona a Concepción como la mejor ciudad para vivir en Chile

Concepción es la mejor ciudad para vivir. Esto, según el “Atlas de Bienestar Territorial”, investigación que fue publicada por la Corporación Ciudades gracias al trabajo en conjunto con el Centro de Inteligencia Territorial de la Universidad Adolfo Ibáñez (CIT UAI).

De este modo, la ciudad sureña desplazó a urbes como Santiago, Valparaíso, Iquique, Rancagua, Santiago y Coquimbo, que se posicionaban en los primeros lugares del Índice de Calidad de Vida Urbana (ICVU).

Indicador de Bienestar Territorial (IBT)

El CIT UAI implementó una herramienta llamada Indicador de Bienestar Territorial (IBT), el cual se encuentra construido a partir de datos censales, catastro de equipamientos y tratamiento de imágenes satelitales, las que influyen en el bienestar del entorno urbano de los ciudadanos.

Dichas dimensiones son ambientales – coberturas vegetales y amplitud térmica –, infraestructura – estado de la vía pública y vivienda – y accesibilidad – equipamiento deportivo, de salud, áreas verdes, servicios públicos, equipamientos culturales y educación –.

Así, las ciudades que ofrezcan mayor cantidad de servicios, infraestructura pública y factores medioambientales positivos obtendrán un IBT más alto. Concepción, por ejemplo, destacó entre las demás ciudades por su cobertura vegetal.

“El Indicador de Bienestar Territorial es una nueva forma de ver y hacer sentido de las ciudades, comunas y barrios, al alcance de todos. Permite acercar la información en el territorio para impactar positivamente en él. También visibiliza oportunidades para mejorar la calidad de vida en relación al territorio, y hace manifiestas las brechas y desequilibrios que debemos superar”, señala Luis Valenzuela, director del CIT UAI.

“El elemento diferenciador del IBT es que ejecuta un análisis por manzana, que es la unidad mínima en la cual se puede trabajar en Chile porque sabemos que dentro de las comunas hay diferencias territoriales importantes”, agrega y concluye Pía Palacios, investigadora del CIT UAI.

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