Exposición: Crisis, Crisis, Crisis. La normalidad de la emergencia

8 artistas chilenos de distintas generaciones se reunieron con científicos, sociólogos y economistas para conversar acerca del fenómeno de la crisis. El resultado es una exposición que estará abierta hasta el 8 de enero en la Galería de Artes Visuales Matucana 100. A continuación, el reportaje completo que publicó La Tercera.

Escuchamos el término una y otra vez. En la política, la economía, la cultura y el medioambiente, pero también en la vida privada y cotidiana. Repetimos que estamos “incendiados” y vivimos en una crisis crónica. Una novedosa iniciativa reunió a artistas y académicos a conversar acerca de este fenómeno, lo que derivó en una exposición que se inaugura el miércoles 16 de noviembre en Matucana 100.

Hace un año, a los investigadores del Núcleo Milenio Modelos de Crisis se les ocurrió darle una vuelta a su trabajo. En la búsqueda de nuevas miradas y de formas de mostrar lo que estudian de maneras distintas a las de un artículo académico o un seminario crearon el Laboratorio Arte y Crisis (LAC).

Invitaron a participar en él a ocho artistas chilenos de distintas generaciones para que conversaran con los científicos, sociólogos y economistas acerca de sus modelos e investigaciones en torno al fenómeno de la crisis y crearan a partir de eso un trabajo que ahora culmina con la exposición “Crisis, Crisis, Crisis: La normalidad de la emergencia”, que se inaugura este miércoles 16 de noviembre en Matucana 100. El resultado fue la comprobación de que el fenómeno de la crisis es como un virus contagioso y una nueva forma de vida, que está instalado como parte de nuestra vida y que ha logrado normalizar el estado de emergencia, es decir, que vivimos en constante crisis, y que esta se manifiesta en distintos ámbitos de la vida: desde las familias, donde puede haber quiebres o problemas económicos, hasta continentes completos que viven, por ejemplo, graves problemas migratorias o ambientales.

“Lo interesante es que aquí artistas y científicos empezaron a coincidir, a darse cuenta de que el modelo de segregación que había desarrollado un físico coincidía en muchos aspectos con el del artista que trabaja hace años el tema mapuche. En el fondo, los problemas eran los mismos, y las obras sirven para que la gente pueda ver a través de una imagen los números de un investigador”, explica Montserrat Rojas, curadora de la muestra “Crisis, Crisis, Crisis: La normalidad de la emergencia”.

Modelos y ciclos

Las crisis han sido largamente estudiadas y analizadas desde las distintas esferas de las ciencias exactas y sociales, pero siguen presentando características nuevas, y por eso es difícil prevenirlas e incluso describirlas.

Para el sociólogo Aldo Mascareño y la economista Andrea Repetto, participar en este laboratorio junto a otros investigadores y artistas fue muy enriquecedor, sobre todo por la posibilidad de construir de forma concreta y visible modelos que ellos habían estudiado desde la teoría.

“En economía, por ejemplo hemos analizado esto desde siempre. Y nos hemos dado cuenta de que existen elementos comunes en todas las crisis.

Siempre hay un exceso, una inconsistencia que va contagiando, que replica el exceso y lo reproduce, hasta que explota”, señala Andrea Repetto.

Según Aldo Mascareño, es posible identificar tres fases en cualquier crisis: incubación contagio y reestructuración. Estas son aplicables, por ejemplo a lo sucedido con la educación que comenzó sus protestas el año 2001 por el tema del pase escolar, siguió con los pingüinos el 2006 y explotó finalmente el 2011, lo que llevó a reestructuraciones que hoy se están implementando. “Las estructuras sociales comienzan a reiterar de manera irreflexiva operaciones previas que han sido exitosas, lo que conduce a la ceguera de las instituciones. Se normalizan situaciones hasta que el propio sistema no las puede sostener y explotan” dice el sociólogo.

En ese proceso, la actual crisis política resulta bastante clarificadora, tal como lo explica Repetto: “En el financiamiento los políticos tenían una relación con los empresarios que parecía muy normal, que les funcionaba bien de forma individual. El problema es que el retorno individual era positivo, pero no se daban cuenta de la repercusión que tenía en el sistema como un todo. Y cuando todos comenzaron a hacerlo, se produjo una ceguera sistémica que provocó la aparición de nuevos síntomas, que reventaron el día que alguien hizo una denuncia por fraude al FUT. La consecuencia fue que la gente ya no quiso votar, que la confianza en las instituciones comenzó a caer hasta que llegó un punto en que se acumuló demasiado y reventó”.

 

La clave parece estar en entender la complejidad de estos fenómenos, de estar atento a pequeñas manifestaciones existentes hoy y que pueden ser crisis mañana o de las consecuencias que las acciones actuales pueden generar en el futuro a mediano y largo plazo.

“Uno puede leer las migraciones europeas actuales desde las invasiones de Bush padre a principios de los 90 o lo que pasó con el brexit, que venía incubándose hace rato dentro de la Unión Europea”, sentencia Mascareño. Pero a juicio del sociólogo, sería nefasto acostumbrarse a la crisis como un estado permanente: “Hay que hacerse la idea de que éstas van a seguir apareciendo, pero en ningún caso acostumbrarse a sus consecuencias. Si lo hacemos, no sólo perderemos nuestra vida en sociedad, sino que también nuestra capacidad de resiliencia. Para que eso no ocurra, la opción es concientizar y visibilizar. Y en eso, el arte puede ser de gran ayuda”.

Ver la crisis

Montserrat Rojas convocó para esta muestra a un grupo de artistas que debían cumplir con ciertas características. Le importaba que fueran de distintas generaciones, que generaran obras en distintos formatos pero, sobre todo, que fueran muy políticos y con opinión.

Soledad Pinto y Roberto Garretón con una instalación sonora; Nicolás Grum con un video documental; Pablo Rivera con una instalación; Gonzalo Cueto con una obra audiovisual; Sebastián Calfuqueo en escultura, Cristián Inostroza con fotografía y video, Carolina Pino y su trabajo con drones y Daniel Reyes fueron finalmente los llamados a involucrarse en este trabajo colaborativo que prepara su debut en Matucana 100.

“Me gusta la idea de explorar la crisis como un concepto global. Los artistas siempre vivi mos en crisis, buscando y explorando”, explica Carolina Pino. Ella fue invitada a raíz de su trabajo que usa las nuevas tecnologías y en esta exposición presenta un dron que, en vez de bombas, carga pintura. Reconoce que, a partir del trabajo con los científicos y académicos su idea inicial fue mutando: al principio el dron -construido por ella misma desde cero- iba a lanzar pintura, hoy lo que va a hacer es escribir sobre una tela gigante la palabra utopía. “Se trata de un término exclusivamente humano, por lo que la tecnología digital jamás podrá tener utopías. Que un dron escriba genera una fricción o contrapunto entre lo real y la posibilidad de usar esa realidad o tecnología para escenarios imaginados”, explica.

A Nicolás Grum lo que lo motivó de la experiencia fue poder participar de un proyecto interdisciplinario que, a su juicio, es una práctica poco explorada en el medio local. “El formato de trabajo, la transferencia de saberes y la generación de estos espacios me parece muy novedoso. Cuesta un tiempo, pero al final uno descubre que la investigación científica y la artística tienen ciertos puntos en común. Rescato especialmente la posibilidad de contaminarse mutuamente”.

Él entró al laboratorio sin ninguna idea preconcebida y en el camino se encontró con el trabajo del sociólogo Manuel Tironi acerca de la contaminación en la zona de Puchuncaví y todos los alrededores de la refinería de Ventanas. Su obra es un video que visibiliza las estructuras de poder en una idea de desarrollo que viene desde la década del 60 y que tiene como rezago una población que vivía de manera totalmente diferente con una actividad agrícola y rural muy marcada y que hoy no existe, por ser parte de las llamadas zonas de sacrificio. “Se genera un relato muy íntimo a través de sus mujeres, la mayoría de las cuales ha vivido las dos partes de esta historia”, sentencia.

La exposición incluye además instalaciones que aluden a la idea de “normalización de la crisis, como por ejemplo una de una gotera y baldes que la contienen y mapas conceptuales que tratan de dar cuenta del estado de las crisis alrededor del mundo. Varios formatos, varias invitaciones a ver, escuchar y formarse una opinión acerca del momento que enfrentamos como planeta, como país o como personas. Del año -o la vida entera que vivimos en crisis.”