Frances Morris: “A la Tate le interesa la conexión entre el arte y la vida”

Una ex fábrica de generación eléctrica, incrustada en un antiguo barrio industrial de Londres al sur del río Támesis, fue el edificio escogido -el año 2000- para albergar al nuevo Tate Modern, el Museo de Arte Moderno más visitado del mundo.

Las 5 millones de personas anuales que recorrían- y recorren aún- sus pasillos admirando sus obras, obligaron al traslado de este icónico recinto, que dejó atrás su primera instalación -una ex cárcel- para adaptarse a este nuevo espacio. “La sala de turbinas estaba vacía, y uno de los grandes placeres de mi vida fue pensar qué hacer en este edificio. Tuvimos que reflexionar sobre cómo había cambiado el mundo, y el objetivo era reflejar no sólo el arte de Londres, sino del Reino Unido con una mirada hacia el futuro y el pasado”, explicó Frances Morris, la primera mujer en asumir – en enero de 2016 – la dirección del establecimiento, en el auditorio del edificio de pregrado de la Universidad Adolfo Ibáñez ante más de 700 personas.

Ahí, la historiadora del arte fue presentada por el rector Andrés Benítez, quien señaló que “el arte moderno es el arte que te hace pensar”, agregando que debido al modelo educacional de la UAI, donde las artes liberales juegan un rol preponderante, la visita de Morris se inserta en la misión de formar ciudadanos más cultos y con pensamiento crítico.

La Facultad de Artes Liberales invitó Morris a dictar la conferencia “Una Mirada al Arte Moderno” y este martes 11 de abril, la británica se explayó sobre cómo este cambio de “casa” significó también un cambio en la manera que eran presentadas las obras en el museo. “Consultamos con artistas y nos decidimos por un enfoque temático en vez de cronológico, lo que fue muy discutido, pero nos permite la generación de diálogos de artistas de distintas épocas”. Pero en Tate Modern tenían un desafío aún mayor: poder ampliar lo que hasta entonces el establishment consideraba como arte y que suscribía principalmente a un canon occidental. Es decir, en el museo figuraban principalmente obras de artistas europeos y norteamericanos, excluyendo no sólo al resto del mundo sino que también a las mujeres. “La colección se empieza a extender por todo el mundo. Tenemos una comprensión clara del arte contemporáneo: a través de artistas vamos llegando a otros artistas”, dice Morris.

Interacción de tiempo, obras y espacios

Lo que al museo le interesa mostrar en su instalación “son historias que hablan de conexión, dinámica y que dan antecedentes a las conexiones globales que tenemos. Desde los años 20, esta conexión entre el arte y la vida es lo que el museo considera en su arte.” En sus salas, entonces, es posible ver obras de Kandinsky que “alejan del mundo real” y que permiten la contemplación interactuando con obras de Tania Bruguera, que al contrario, conectan al visitante con la realidad.

 

 

Desafíos con miras al futuro

Frances Morris explicó que uno de los grandes desafíos pendientes se relaciona con el mercado, que está cada vez más agresivo. Las casas de remate y distribuidoras mundiales tienen a ensalzar a artistas estrellas que absorben la energía del mundo y de la prensa. Un segundo objetivo es poder hacer frente a la proliferación de modelos privados, lo que implica entre otras cosas, que deban aceptar la expansión de la filantropía a medida que disminuye el financiamiento público. “Los museos públicos como la Tate cada vez dependen más de comunidades específicas. Ha existido una expansión increíble de la filantropía. Pero, ¿Cómo hacer para respetar la independencia y honestidad del museo?Tratamos de maximizar nuestras redes, tenemos muchas personas que nos apoyan incluso acá en Latinoamérica”, dice Morris. Pero sin duda uno de los grandes desafíos de la Tate es llegar a los vecinos de Londres que tal vez tengan limitaciones económicas para ir al museo: “¿Cómo combinamos la participación con el arte? ¿Puede ser un espacio para el debate? ¿Puede haber entretención acompañada de contemplación?,” se preguntaba Morris, quien explica que “la dinámica antigua de autoridad en los museos ha sido reemplazada. Hoy se realiza el intercambio de opiniones.” De ahí el utilidad de Tate Exchange.

Tate Exchange

Esta experiencia consiste en entregar a los visitantes un espacio para que ellos se apropien del lugar, generándose así una malla de intereses. “Está abierto a todo el mundo, es un lugar donde las ideas se pueden exponer, es una especie de caja de resonancia”, cuenta Morris. Un lugar seguro para correr riesgos, y donde el público puede cambiar de ideas.

Algo parecido pasó en la ya mencionada sala de turbinas: el 2003 se instalaron unos espejos en los techos y ocurrió que los visitantes comenzaron a realizar performance para verse en ellos. La vez que visitó el museo el ex Presidente de Estados Unidos, George Bush, la gente realizó una “intervención” protestando por su llegada. “Las personas completan el arte, y nosotros aprendemos de la gente”, dice Morris. “Todos son bienvenidos a manifestarse por sus causas, estamos pensado en nuevas formas de compartir la confianza con nuestros visitantes, eliminamos las barreras”.

La Tate y el Brexit

Frances Morris no desconoce que el Brexit tendrá consecuencias también en el museo: habrá, por ejemplo, un impacto en el financiamiento, “pero les aseguro que nuestros intereses y nuestra forma de trabajo no va a sufrir ningún cambio”, finalizó, recibiendo el aplauso cerrado del público que entusiasta escuchó muy atento su intervención “Una mirada del Arte Moderno”.