Repensando desde la evidencia territorial post covid-19

Los residentes en nuestras ciudades y en muchas otras del mundo, debido a la pandemia que sufrimos, buscan un vuelco radical en cuanto a cultura y capacidad de movilidad en las ciudades. Una nueva movilidad, día a día centrada en el vecindario y lo local. La capacidad de bienestar local -por trabajo, compras, salud, deportes, o cultura- dentro de unos breves 15 minutos de su propia puerta, provoca a mirar la evidencia de la ciudad para remodelarse.

Luis Valenzuela, Director del Centro de Inteligencia Territorial (CIT) de la Escuela de Diseño de la Universidad Adolfo Ibáñez, en conjunto con Cristina Cáceres, Coordinadora de Investigación del CIT, realizaron una charla, en donde profundizaron sobre la realidad de la ciudad, tomando como ejemplo, la Región Metropolitana, para entender el territorio, su significado y sus proyecciones.

A raíz de la pandemia que afecta a todo el mundo, se replanteó si es posible confinar una ciudad completamente, a partir de las condiciones que estas tienen.  Pues, “se debe entender este territorio no como mecánica ni técnica. Es un sentir y una sensorialidad; individual y social. El territorio no es las grandes infraestracturas, es algo más perceptivo, es una expansión de mi propio hogar, lo cual nos permite ir construyendo una nueva identidad”, mencionó Valenzuela. Es un sentir de que por aquí debo ir. Es una decisión individual, pero tiene mucho de una condición social. A partir de esto, el CIT, ha realizado modelaciones específicas, de los alcances de los atributos de las ciudades, respecto a las residencias de las personas.

Pero, ¿qué es lo que queremos conservar? o ¿qué es lo que debemos cambiar? Lo que se debe cambiar de acuerdo a las preocupaciones de las autoridades municipales, regionales, y nacionales; pero sobretodo de las comunidades y su territorio local, son las áreas verdes, los índices de obesidad, la calidad de educación, el acceso a salud primaria, entre otras.

Para esto, es necesario contar con indicadores e insumos capaces de recoger la realidad funcional y temporal del espacio humano, lo que no se puede medir, no se puede gestionar. Se debe conocer los niveles de accesibilidad, los usos, actividades, tiempos de viajes de las personas, etc. Solo así, es posible imaginar una ciudad de “un cuarto de hora”, término acuñado por la Alcadesa de París, para hacer referencia a las ciudades, que satisfagan las necesidades de las personas a solo 15 minutos de sus casas, que, de espacio a las libertades de las personas, para la cual hay que terminar con las brechas existentes de bienestar territorial.

Para lo cual, es necesario considerar a las personas, el medio construido y la influencia del medio social, las reacciones individuales, las actividades y la integración, especialmente frente al actual escenario, que pone como preguntas fundamentales: ¿Dónde están las mayores desigualdades de bienestar en los barrios de mi comuna? ¿A qué factores se deben estas brechas de bienestar? ¿Quiénes son las personas afectadas y cómo puedo incluirlas?, entre otras.

Los Indicadores de Bienestar Territorial, permiten descubrir, contrastar y analizar, las diferentes variables del territorio como. Seguridad, infraestructura, accesibilidad e indicadores socioeconómicos y ambientales. Todo esto, puede ser estudiado en profundidad a través del Diplomado en Gestión y Evidencia Territorial (DGET), el cual se posiciona en una vanguardia de innovación tecnológica aplicada al análisis de la sociedad, la economía y el espacio, utilizando herramientas informáticas complejas, que aprovechan la creciente abundancia de datos de distinto tipo, de un modo intuitivo y aplicado a problemáticas territoriales contingentes, permitiendo generar evidencia territorial robusta y relevante, que permita orientar el diseño de políticas públicas y dinámicas de mercado en el espacio urbano.